viernes, 30 de junio de 2017

Del teatro al salón: Canciones del siglo XVIII.



Canciones de Blas de Laserna (Manuscrito de Berlín) y del Manuscrito de Narciso Paz.
Ingartze Astuy, mezzosoprano. Fernando Antón, guitarra y dirección. María Saturno, violonchelo. Lindoro LN-3034.  CD.


A estas alturas nadie discute el valor del patrimonio histórico que constituye el conjunto de la tonadilla escénica y, por extensión, de las canciones que nacieron en el siglo XVIII. Esta valoración tiene que ver tanto con la melodía y su acompañamiento, como con el texto, porque las letras son expresión de un teatro divertido y pícaro, y en muchos casos lleno de una “intención” que va más allá del significado “oficial” de las palabras.

Otro detalle importante de este repertorio es que fue capaz de pasar de las tablas de los teatros oficiales madrileños, el del Príncipe y el de la Cruz, a los salones aristocráticos en los que tales músicas eran interpretadas en veladas privadas, tanto por artistas profesionales como por los propios moradores de las casas. Como consecuencia de este trasvase, o quizá por su causa, las canciones formaban parte de la oferta comercial de una actividad editorial basada en la copia manuscrita. Estas copias manuscritas son el origen del repertorio grabado, pues pertenecen al llamado Manuscrito de Berlín (temas de Blas de Laserna, extraídos de alguna de sus tonadillas escénicas) y el Manuscrito de Narciso Paz (conjunto de músicas que este afrancesado llevó consigo al salir de Espa).

Los textos de las tonadillas tienen el carácter popular que las caracteriza; los de Narciso Paz, son más refinados y elegantes. Pero, en cualquier caso, todas estas letras tienen su “intención”; sirva como ejemplo la, seguidilla Al pasar por la fragua, la tirana Me preguntaron los guardas, la canciones patrióticas A las armas (de Josef Rodríguez de León) o las Seguidillas de Fernando VII cuyo estribillo no puede ser más festivo y más crítico: “Anda salero, / no reinará en España / José Primero”.

Precisamente en la “intención” reside la mayor dificultad a la hora de interpretar estas música. No basta con cantar las notas, con dar a cada una su altura y su valor; tampoco basta con que se entienda el texto (algo fundamental cuando hablamos de música vocal); es necesario, fundamental, además, transmitir esa intención que subyace en las letras, sea picarona, social o política.  Hace falta además (aunque en un CD no podamos verlo) acompañar la interpretación de una gestualidad, discreta y elegante, nunca agresiva, ni chabacana, porque no debemos olvidar que esa gestualidad era un elemento básico de las grandes tonadilleras,

La interpretación de la mezzosoprano bilbaína Ingartze Astuy es modélica. Además de la riqueza de su bella voz, de su dominio de la coloratura, de su perfecta dicción, tiene esa “intención” expresiva a que nos referimos. Domina los recursos interpretativos haciendo que las melodías se adecúen al texto de manera que este queda realzado.  El acompañamiento a la guitarra del cacereño Fernando Antón es el adecuado, siempre en ayuda de la voz, y con un sonido limpio. María Saturno, violoncelo, presta profundidad y base al acompañamiento.

Un CD que merece la pena conocer, escuchar y disfrutar. Es música con mas de 200 años de existencia, pero suena fresca y atractiva.

El disco se inscribe dentro de un proyecto de investigación de la UAM-MICINN (“De la música colonial a la música nacional. Estrategias de construcción de una identidad en los movimientos americanos de Independencia”) y ha contado con el asesoramiento musicológico de Germán Labrador. J.P.M.

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